Intervención en el acto de la graduación Julio Antonio Mella, correspondiente al curso 2017-2018.

Compañeros de la Presidencia  
Estimados invitados,  Familiares 
Profesores y trabajadores del ISRI
Queridos estudiantes:
 
“Los muchos” ( como denominaron su Brigada )  se gradúan hoy.  Son la sexta graduación desde la reapertura de la Licenciatura y no parecería que ha transcurrido siete años desde que algunos, los de La Habana  y provincias cercanas,  entraron por primera vez al Instituto, muy  jóvenes, sin haber concluido el Preuniversitario a hacer sus exámenes de ingreso. Otros lo hicieron en sus provincias de origen.
 
Tomaron la decisión de dedicar esta graduación  a la cimera figura de Julio Antonio Mella y al 60º Aniversario del Triunfo de la Revolución.  No hubiera habido otra mejor.
 
Mella fue  ejemplo para todas las juventudes revolucionarias de Cuba y el mundo.  Gracias a la Revolución Cubana podemos regocijarnos de un día como hoy, al graduarse  como profesionales de las relaciones internacionales jóvenes de toda Cuba, de todos los colores y de todas las procedencias sociales.
 
Ello hubiera sido impensable antes de 1959, cuando la política exterior cubana estaba en manos de  las clases pudientes, de los familiares y amigos de los politicastros  que, en el mejor de los casos, asumían uno que otro cargo en el entonces remedo del Departamento de Estado de los Estados Unidos.  Otros ni siquiera trabajaban, eran los llamados “botelleros” que se limitaban a firmar una nómina.
 
Tampoco hubiera sido posible porque no existía un sistema educacional  y laboral que permitiera a los hijos de las familias humildes acceder a los estudios universitarios. Cuando lo hacían era a costa de inconmensurable sacrificio familiar.
 
No pretendo hacer un recuento histórico pero siento que cuando acontecen  importantes cambios en nuestro país y nos empeñamos en la aplicación de un nuevo modelo económico y social, es preciso recordar que lo que hoy es un derecho constitucional hace sesenta años para la generación de ese momento fue una conquista que cambió  radicalmente la composición educacional y laboral de nuestro país y  sus vidas. 
 
Cambió la  vida de millones de cubanos. En 1961 obreros, campesinos, amas de casa, niños y jóvenes sin escuela descubrieron la maravilla de leer y escribir y  los alfabetizadores tuvimos conciencia de lo que significaba la obra de la Revolución y nos hicimos  revolucionarios más firmes y sobre todo mejores personas. 
Por eso y por muchas otras razones, con las que ustedes se han familiarizado en nuestras aulas,  es  preciso que mantengamos la decisión de defender las conquistas, preservar lo que hoy es derecho y solo cambiar, para seguir haciendo  Revolución, aquello que deba ser cambiado.
 
En ese camino hay que combatir lo mal hecho, ser intransigentes con la desidia, la negligencia y la corrupción, sin  confundirnos con los cantos de sirena que anuncian mundos de consumo desmedido, que hacen loas  de lo material y enajenan al hombre de una vida más plena.  Hay que luchar contra la falacia de que la chabacanería y la vulgaridad son  parte de nuestra identidad.
 
Estoy convencida de que ustedes están preparados para ese combate desde las trincheras de la política exterior de Cuba. La estancia en la Brigada de la Frontera en Guantánamo  les dio la visión de la realidad del conflicto con los Estados Unidos. También les permitió familiarizarse con la vida de las fuerzas armadas y, sobre todo, con otros jóvenes que,  desde una posición de trabajo muy diferente a la de ustedes, tienen los mismos sueños y anhelos y realizan una labor de extraordinaria importancia.
 
En el ISRI, con el color azul  que los ha identificado, han  estado presentes en todos los frentes. Además de en la docencia y la investigación, se han hecho sentir en todas las actividades extensionistas.  Han defendido entusiásticamente  el azul de su brigada y el de la bandera del ISRI en el deporte, las redes sociales, los festivales de aficionados, la jornadas científicas y de historia, el Agora, el HAVMUN y otros modelos, el QUIZ,  el movimiento martiano y también en el destacamento Letra con Filo.
 
Han  vivido fenómenos meteorológicos y  contribuido  a preservar su escuela, sin abandonar a la comunidad donde nos encontramos, han visitado hospitales, hogares de ancianos, casas de   niños sin amparo familiar, han compartido con los pioneros de la Chiqui Hernández, y han sido testigos y protagonistas de momentos trascendentales  para Cuba y su  Revolución, como fue el regreso de nuestros Cinco Héroes.
 
Se crecieron como personas y revolucionarios cuando aquella noche del 25 de noviembre de 2016, se presentaron en el Instituto sin que nadie los convocara y se enjugaron las lágrimas  para  difundir la verdad de Cuba en las redes sociales y al día siguiente, sin pegar un ojo, salieron en  vibrante marcha hacia la escalinata testigo de las hazañas de Fidel para reafirmar el compromiso revolucionario al calor de una consigna nacida de ustedes y sus compañeros:  “Yo soy Fidel”
Ahora, cuando culmina la  maravillosa vida de estudiante y comienza la de trabajador, en sus puestos de trabajo, tienen que hacer realidad esa consigna  con su dedicación, esfuerzo, espíritu de trabajo e intransigencia revolucionaria. Para ustedes acaba una etapa.  Aquí han adquirido las herramientas indispensables para comenzar otra de un aprendizaje y superación mucho más compleja en la que también van a necesitar crecerse con humildad, con el respeto a los que los precedieron en la obra, con solidaridad y cooperación, con la certeza de que la superación se  hace realidad, en primer lugar, en su puesto de trabajo.
 
Los profesores y trabajadores del ISRI que los hemos acompañado durante estos cinco años, estamos  convencidos de que lo harán con el mismo ímpetu que los ha caracterizado hasta ahora. 
 
Una felicitación especial a sus familiares, padres, abuelos, hermanos y también  a las novias y novios, que los han ayudado a llegar a este momento.   Para ustedes todo nuestro afecto. 
 
Muchas gracias 

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